El Maestro Opina

DESAFÍOS DE LA ESCUELA EN TIEMPOS DE PANDEMIA

La crisis originada por el coronavirus obligó a todos los sistemas educativos de los países afectados a clausurar la escuela presencial. La pandemia reabrió nuevamente el debate sobre la calidad y el derecho a la educación en un nuevo escenario: el de la virtualidad. El abandono de las aulas nos tomó por sorpresa y de inmediato nos pasó la cuenta de cobro a los maestros, relacionada con la poca empatía que tenemos con los Ambientes Virtuales de Aprendizaje (AVA), medios que hoy son una condición necesaria, pero no suficiente, para potenciar y facilitar las diversas formas de interacción que subyacen en los procesos pedagógicos.

Docentes, estudiantes y padres de familia fuimos damnificados y rápidamente nos tocó implementar estrategias, improvisadas en muchos casos, para salirle al paso al problema generado. Todos sin excepción estamos afectados. Muchos tenemos poca o nula experiencia con la tecnología, bastantes estudiantes e incluso maestros no tienen dispositivos electrónicos y menos conectividad a internet, mientras no muy pocos hogares están en condición de pobreza, hacinamiento, ubicación geográfica desfavorable y más de un hijo en edad escolar. Todos estos factores no han sido los mejores aliados para cumplir con los nuevos retos y las nuevas responsabilidades que la educación nos impone hoy.

En este sentido es sano hacer un llamado a la sensatez y direccionar nuestro ejercicio docente, a distancia, proponiendo como prioridad actividades que contribuyan a estrechar los lazos de unión en los hogares, tales como las lúdicas, los juegos de sala, los diálogos en familia, etc. Un exceso de trabajo académico puede convertirse en el punto de quiebre en las relaciones intrafamiliares, ya muy frágiles por las condiciones de encierro y los efectos secundarios que éste implica.

Cuando en la redes sociales aparece una madre de familia angustiada al declararse impotente para responder por su doble rol de sus dos pequeños hijos y de paso reconocer la noble misión del maestro; cuando un niño se comunica con su docente, a altas horas de la noche, para manifestarle su incapacidad para solucionar la guía y a renglón seguido reclamar su presencia; cuando una estudiante de posgrado revienta en llanto al
bloqueársele su computador mientras presentaba un examen en línea, y cuando el mismo docente siente nostalgia por la lejanía de su discípulo, debemos entender que la virtualidad, en la educación, no es el camino
correcto y que la auténtica plataforma es la escuela: lugar donde la pedagogía encuentra su significado en la presencialidad.

En cualquier escenario —virtual o presencial— la incierta escuela del futuro, diagnosticada por el historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari en su libro 21 lecciones para el siglo XXI, exige un maestro reinventado.
En el aula los contenidos fosilizados, las pruebas estandarizadas y el instruccionismo deben ceder terreno a la repedagogización, al debate, al foro y a la discusión sobre los grandes problemas y retos que se ciernen sobre la humanidad: el cambio climático, las armas biológicas y nucleares, la biotecnología, el Big Data y la inteligencia artificial. En esta dirección albergaremos la esperanza de dejarles como herencia a las nuevas generaciones “mucha pobreza en cosas y en dinero y una gran riqueza en la práctica de los valores”, como sensatamente sugirió el Papa Francisco en la histórica y extraordinaria Semana Santa que acaba de concluir.

          

ORLANDO SALGADO RAMÍREZDOCENTE