El Maestro Opina

LA SABIDURÍA DE LAS CANAS

El pasado 20 de mayo el vendedor informal Néstor Oviedo fue detenido, esposado y agredido en las calles del centro de Bogotá por dos agentes de la policía, en medio de un injustificable exceso de autoridad. Las protestas no se hicieron esperar y de inmediato el caso estalló en las redes sociales. El general de la policía se hizo cargo de la situación, habló con don Néstor y le ofreció excusas en nombre de la institución. También hizo lo propio la alcaldesa mayor Claudia López. El humilde y sabio anciano en un acto de nobleza le pidió a las autoridades que los agentes no fueran separados de sus cargos.

Don Néstor pertenece a esa ejemplar y extinta generación que entregó los mejores años de su vida a la familia y al trabajo. Sin estudio y con escasos recursos, esa generación luchó sin descanso para educar a sus hijos y sacar al país adelante.

En tiempos de pandemia esos frágiles y deteriorados cuerpos se posan, al menos por un instante, en la mano amiga tendida por la naturaleza que les regala una mañana soleada y el cántico de los pájaros que parecen alegrarse con su presencia. El tiempo se agota y vuelven a su trinchera para huirle al letal virus, y de paso a la muerte.

La crisis que hoy vivimos a causa de esta infección no es la única responsable de someter al olvido a los ancianos. Después de la segunda guerra mundial y con el objetivo de resucitar a los países afectados, el analista de mercados Victor Levow propuso una economía centrada en el consumo. Este postulado enseguida fue aplicado por los Estados Unidos, que apoyado en el capitalismo salvaje dio paso a la destrucción del planeta y al consumismo desbordado. A esta fiesta no fueron invitados los adultos mayores, puesto que no producían, no compraban y, por el contrario, estorbaban.

La sociedad y aun las familias se aprovechan de su fragilidad humana: vulneran sus derechos, los ven decrépitos, los tratan como estúpidos y no en pocos casos son sometidos a maltrato físico y psicológico, y también al exilio. En esta cuarentena, el gobierno los priva de la libertad —sí permitida a las mascotas—, por temor a que el contagiado ocupe una cama en la UCI reservada para una persona en plena edad productiva y con un futuro promisorio.

La poca memoria nos hace una mala jugada. Hay septuagenarios, hombres y mujeres, entre los que se encuentran escritores, científicos, artistas, deportistas, académicos, políticos y gobernantes que disfrutan de una vida sana y productiva. Ellos han sido una pieza clave en el desarrollo de las civilizaciones antiguas y siempre sus consejos han trazado el camino de las sociedades venideras.

          

ORLANDO SALGADO RAMÍREZDOCENTE