El Maestro Opina

De regreso a clases

(Publicado en el periódico La Patria).

Señor director:

Al finalizar un atípico año escolar 2020, cuando fue necesario clausurar la escuela presencial para minimizar los riesgos del contagio y la muerte ocasionados por la covid-19, las debilidades del sistema educativo colombiano quedaron al descubierto. La conectividad y los dispositivos electrónicos ―medios que se convirtieron en una condición necesaria, pero no suficiente, para potenciar y facilitar las diversas formas de encuentro con los estudiantes― brillaron por su ausencia en muchos hogares del país. Después de ocho meses de pandemia quedó demostrado que la virtualidad, al menos en la escuela pública, no es el camino ideal.
En este sentido, las improvisadas estrategias implementadas por los docentes debido a la inexperiencia con la tecnología para salirle al paso al problema generado, nos pasó la cuenta de cobro que se vio reflejada en unos aprendizajes que rayaron con lo mínimo y la consecuente promoción automática ―secreto a voces― animada desde el Ministerio de Educación.
Las interacciones sincrónicas y las guías de trabajo fueron las estrategias pedagógicas empleadas por la escuela como medio de acceso a la educación. La falta de conectividad, la no tenencia de dispositivos electrónicos en los hogares, la inexperiencia y el poco compromiso de los diferentes actores del proceso de enseñanza-aprendizaje nos pasaron una mala jugada a no pocos maestros en las clases virtuales, por lo que cedimos gran terreno a los talleres diseñados históricamente para la presencialidad desconociendo las singularidades de los estudiantes y sus contextos de actuación mediados por las TIC: trabajo independiente, acompañamiento a distancia del docente y presencia del núcleo familiar que propicia un trabajo en comunidad.
En el 2021 retornamos a la escuela y aunque el gobierno convoca a la alternancia, la mayoría de las instituciones educativas decidieron continuar con la virtualidad. Apoyadas en la autonomía, determinaron que las condiciones no están dadas para la presencialidad. El rebrote de la covid-19 en todo el mundo, que obligó a muchos países a reversar la medida de regreso a clases presenciales, continúa siendo una gran amenaza para más contagios y muertes; además, la parálisis económica y productiva con las ya conocidas consecuencias siguen afectando a la mayoría de los hogares colombianos.
Por otra parte, los docentes con morbilidad y los estudiantes de hogares juiciosos con las normas de bioseguridad serían los grandes ausentes. Además, la falta de garantías de las instituciones educativas para el cumplimiento de los protocolos y el riego que se corre con los niños cuyas familias se niegan a aceptar la verdad de la pandemia dando la espalda a la ciencia se sumaron a los argumentos dados por los consejos directivos para tomar esta decisión.
La experiencia vivida en el 2020 por docentes y directivos debemos ponerla al servicio de la escuela para mejorar los aprendizajes y optimizar la interacción con nuestros estudiantes mientras que se continúa con esta modalidad educativa. Albergamos la esperanza de que con la vacuna y el juicioso cumplimiento de los protocolos de bioseguridad se den todas las condiciones para el regreso al aula de clases, auténtica plataforma donde la pedagogía encuentra su significado en la presencialidad.

ORLANDO SALGADO RAMÍREZDOCENTE