El Maestro Opina

El coronavirus contraataca

(Publicado en el periódico La Patria).

Señor director:

Autorizada la apertura económica de fin de año por el gobierno nacional, la gente se arrojó de nuevo a las calles, los restaurantes reabrieron sus puertas, se destapó la cerveza y se escuchó la música en los bares y discotecas, los centros comerciales se adornaron con arreglos navideños y las personas se volcaron a las tiendas para comprar los regalos, se dispararon las reuniones familiares acompañadas de licor y el virus contraatacó. Nuevamente este enemigo oculto tiene en jaque a toda la especie humana y
los rebrotes cobran nuevas víctimas. En esta época navideña las UCI están al tope, el número de contagios y muertes se disparó y los gobiernos de la mayoría de los países y las autoridades de la salud toman medidas desesperadas acompañadas de recomendaciones para mantener el mal a raya.
En todo momento solo es necesaria una bocanada de aire en el lugar equivocado, para permitir que ese invisible pedazo de materia entre a nuestro organismo, se hospede en las células de los pulmones, las inhabilite y con código genético propio ordene sacar copias de sí mismo hasta extenuar a su anfitrión.
Ya como ejército salta a las células vecinas, repite la rutina y cobra una víctima más, sumada a los 1,6 millones de personas fallecidas en todo el mundo, un año después de que se conociera el paciente cero en Wuhan (China).
Esta pandemia pudo haberse evitado —y por tanto la muerte de nuestros amigos y familiares— con el uso adecuado del tapabocas, un simple lavado de manos y un aislamiento preventivo. Pero la historia se repite una y otra vez: la imprudencia, la ignorancia, el egoísmo, el fundamentalismo religioso, el afán desmesurado de fama, poder y riqueza, las interpretaciones no científicas de los fenómenos, entre muchos y variados intereses y factores, se han hecho presentes en todas las catástrofes provocadas por los humanos, incluyendo las dos guerras mundiales del siglo pasado.
Hace pocos días, después de comprobarse que un familiar mío padecía una neumonía severa a causa del letal ataque del virus, fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos de una de las clínicas de la ciudad. Con la edad y la obesidad como factores de riesgo, que ya habían agotado las reservas de su cuerpo, los especialistas lo sometieron a los procedimientos de rigor, pero el coronavirus ya había hecho daños irreversibles en su organismo. Las incómodas posiciones en su lecho de enfermo y la
intubación a la espera de una recuperación que nunca llegó causaron laceraciones en su piel y en su garganta que agravaron la agonía. El 7 de diciembre colapsaron sus órganos vitales y el deceso se produjo de inmediato.
Solo cuando la muerte toca nuestra puerta y nos arrebata a un ser querido, comprendemos que es imposible volver atrás para recuperar y disfrutar esos momentos sublimes que únicamente son tangibles en el seno del hogar.

ORLANDO SALGADO RAMÍREZDOCENTE