EL DOCENTE OPINA

ENTRE LA CRISIS Y LA ESPERANZA

orlando

La Constitución Política consagra a Colombia como un Estado social de derecho. Inspirada en este principio concede el privilegio a la libre asociación, protege la propiedad y la existencia de grupos privados en la actividad económica, ejerce la vigilancia de los derechos humanos con un marco excepcional para las minorías, respeta la libertad de prensa y le otorga la soberanía al pueblo para elegir a sus gobernantes y ejercer control político sobre ellos a través de una democracia participativa y pluralista. Pero hoy la realidad es otra: el país está derrotado por el pesimismo y la polarización, hay incertidumbre frente a los procesos de paz y por el resurgimiento de la violencia en el campo, la corrupción se fortalece, el desempleo y la pobreza se agudizan, las reformas asfixian al ciudadano de bien, se pierde la confianza y la fe en los gobernantes y la nación vive un período de no gobernabilidad.

 

Loa tres poderes públicos renunciaron a la independencia que los debe asistir. A causa de la orfandad y el incumplimiento del Ejecutivo, el campesino es escéptico frente a la restauración de las víctimas, la restitución y compra de tierras, los planes nacionales para la sustitución de cultivos, las alternativas para la utilización de la hoja de coca y los acuerdos pactados con los grupos indígenas. Además, la disidencia de las FARC, los reductos del narcotráfico, el ELN y las BACRIM se disputan las zonas de conflicto dejados por la guerrilla desmovilizada y continúan con los enfrentamientos armados, con los desplazamientos forzados, la expropiación de tierras, los cultivos ilícitos, la minería ilegal, los asesinatos de líderes y las masacres. En la ciudad, el desempleo, el salario mínimo, los inaccesibles planes de vivienda y el alto costo de la canasta familiar generan miseria, desnutrición, enfermedad, inseguridad, drogadicción y violencia. La salud, por su parte, se encuentra en cuidados intensivos ante la negativa del gobierno para asumir su responsabilidad al respecto y sacar del camino a los intermediarios que se roban gran parte del presupuesto, mientras la estructura piramidal de un sistema educativo caduco e improvisado deja por fuera a un alto porcentaje de la población estudiantil que inicia la básica primaria.

 

El espíritu democrático del Legislativo se diluye y el escenario donde se debate el presente y el futuro de Colombia está perneado  por una crisis de valores, y por eso la polarización, las rencillas, los insultos, los odios, las mentiras, la deshonestidad, los intereses de partido y el deseo de fama, fortuna y poder están al orden del día. La empresa privada, que también gobierna, es cómplice al convertirse en el músculo financiero de las campañas políticas que comprometen a los elegidos, quienes pagan los favores con celebración indebida de contratos, debilitan las arcas del Estado con corrupción y sobornos, y deterioran el medio ambiente al conceder licencias de construcción en lugares que son patrimonio natural. Y como si fuera poco, muchos funcionarios continúan ocupando sus curules sin una sanción disciplinaria ejemplar y otros tantos reclaman parte del irrisorio salario de las personas recién empleadas.

 

La Justicia está enferma y los problemas que la aquejan la hacen ver decrépita y extenuada. El Cartel de la toga, que tiene en jaque a las altas cortes y a cuya cabeza está el exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno como autor intelectual, es el último capítulo inédito del libro que describe la cruda realidad colombiana. A través del pago de altas sumas de dinero, del cual todos se beneficiaban, la Corte Suprema de Justicia archivaba procesos en contra de funcionarios públicos penalizados por delitos relacionados con su investidura.

 

Es urgente que los tres poderes del Estado recuperen su independencia, su imparcialidad y su credibilidad. La contienda electoral del 2018 y el periodismo de denuncia y de control político se convierten en una gran esperanza de tener gobernantes íntegros, honrados y comprometidos con el país. En esta dirección, aspiramos a disfrutar de unas campañas políticas sanas con votos limpios de los electores, con dirigentes cumpliendo las promesas hechas en la plaza pública y respetando las decisiones del Congreso —que debe legislar a conciencia y a favor de la población más vulnerable— y con unos organismos de control y unas Cortes que aplican justicia con todo el peso de la ley sobre los criminales de cuello blanco, la delincuencia organizada y los grupos al margen de la ley.

 

ORLANDO SALGADO RAMÍREZ

DOCENTE IUC

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ME OLVIDÉ DE VIVIR

Con la aparición del primer hombre moderno en África, se abrió un amplio abanico de oscuras y generosas posibilidades orientadas esencialmente a una competencia inteligente por la supervivencia con el fundamental propósito de saciar el hambre. El maravilloso universo entregado por el Big Bang y la riqueza natural que la tierra dejó al descubierto despertaron la curiosidad del joven Homo sapiens, que se apoyó en su razonamiento para dar vida al descubrimiento, a la invención, a la estructuración del conocimiento y al florecimiento del desarrollo científico y tecnológico que, entre los siglos XV y XVII, vivió doscientos años de alumbramiento. Este regalo fue heredado por la civilización moderna, irreverente con el medio ambiente, al contaminarlo con una insaciable sociedad de consumo.

La música, la ciencia, el arte, el deporte y la política dieron luz a especiales protagonistas merced a sus aptitudes, disciplina, pasión y compromiso. Ellos han logrado que el mundo se postre a sus pies al llegar a la cima del éxito y han cosechado aplausos, fama, poder y riqueza, en ocasiones entregando en bandeja de plata su dignidad, su cuerpo y su alma al mejor postor, jugando con los sentimientos de los demás, pisoteando la inocencia de los niños, adoctrinando a los débiles, sometiendo al ignorante, despertando fanatismo, aprovechando la miseria del otro y olvidando a quienes más se quiere. En un escenario como este, el científico, oculto en su mundo, descubre e inventa, entre intentos y fracasos; el político hace fortuna al legislar, administrar y aplicar justicia a su favor, ocultando la verdad con mentiras y engañando al inocente; el artista, vagando por la vida sin rumbo, expone sus obras de arte, exhibe sus geniales jugadas y les canta al amor y a la vida.

Sin embargo este no parece ser el mundo ideal. Las historias de muchos personajes que se han ganado la simpatía de la humanidad dejan al descubierto grandes vacíos; ellos, aparte del trabajo, tienen poca alegría y en medio de su soledad entienden que los logros de los que se sienten orgullosos no son más que reconocimientos a los que estaban acostumbrados; solo en esta etapa, cuando la nostalgia descansa en los recuerdos, comprenden que una vez que se acumula tanto prestigio no queda tiempo para compartir con los seres más queridos, reconciliarse con los hijos, revitalizar la relación de pareja y perseguir otros sueños que no están relacionados con la fortuna; en este momento, cuando la enfermedad toca a la puerta y se pierde la magia que da el poder, es imposible volver atrás para recuperar y disfrutar esos momentos sublimes que solo son tangibles en el calor del hogar.

Las ilusiones construidas lejos de la familia solo pueden convertirnos en seres despreciables cuando somos buenos con los demás y crueles con los de la propia sangre; en coherencia, debemos valorar lo verdaderamente importante y sentir el amor en cada uno de nosotros al disfrutar de las cosas sencillas, triviales y maravillosas de nuestra existencia: dedicarnos a nuestros hijos educándolos con comprensión, paciencia y sabiduría; enamorar a nuestra pareja con pequeños detalles, respeto y fidelidad; cultivar méritos en el trabajo con la semilla de la responsabilidad, la ética y la pasión y generar nuevas y verdaderas amistades por el camino de la honestidad y la solidaridad.

La vida solo se vive un momento y la debemos nutrir permanentemente con los sueños de nuestra infancia y con todas las acciones que nacen del amor y de la paz que se siente al disfrutar de una relación auténtica con los demás. Esta es la verdadera riqueza que nos seguirá acompañando y nos dará energía para continuar el camino; en esencia, nuestra existencia inicia y termina en el seno del hogar y sea cual sea la etapa en la que nos encontremos, llegará el momento cuando empieza el conteo regresivo, de repente todo cambiará y la lámpara  que ilumina nuestro ser se apagará. Ojalá para entonces no terminemos con el lamento que da título a esta columna y que tomo prestado de la extraordinaria canción de Julio Iglesias: “Me olvidé de vivir”.

ORLANDO SALGADO RAMÍREZ

DOCENTE IUC

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