El Docente Opina

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Manizales: Fábrica de atardeceres

“UNA NUEVA GENERACIÓN EN EL GOBIERNO”

Una serie de errores de los otros candidatos y de sus partidos políticos fueron bien aprovechados por el Centro Democrático para entregarle a Iván Duque la Presidencia de la República a partir del 7 de agosto. Nuestro próximo mandatario, de origen liberal, desconocido meses antes de la contienda electoral, sin una amplia trayectoria política, con poca experiencia en los asuntos del Estado, se acercó a Álvaro Uribe, se ganó su corazón, se convirtió en su pupilo preferido y obtuvo la votación más alta en la historia electoral del país: una cifra superior a los diez millones trescientos mil sufragios.

Germán Vargas Lleras ignoró el talento de Iván Duque, se equivocó al pensar que Uribe no tendría otra alternativa diferente que apoyarlo, caminó hacia la derecha, se convirtió en un severo crítico del proceso de paz, se embarcó en la difícil tarea de ser al mismo tiempo líder de opinión y vocero de las maquinarias, y quedó tendido en la arena. Sergio Fajardo, por su parte, tuvo todo para ganar con una propuesta de centro que Colombia necesita, y aferrado a las encuestas tempraneras que lo favorecían, rechazó las alianzas con quienes pudieron haberlo conducido, con sus votos, a la segunda vuelta, mientras el expresidente César Gaviria, con una actitud antipatriótica, al darle la espalda a Humberto de la Calle, le puso un clavo más al ataúd del partido liberal.

En la segunda vuelta todo jugó a favor del Centro Democrático. Para ganar, únicamente se requería no ser Petro, de modo que el candidato de la izquierda como contendor, fue lo mejor que pudo haberle pasado a la ultraderecha colombiana. Sin alianzas ni debates obtuvo el triunfo —incluso muchos antiuribistas votaron en silencio apoyados en un temor infundado sobre el castrochavismo y la venezolanización de Colombia— y las talentosas campañas alimentadas por la difamación, la mentira, el odio y la polarización funcionaron a la perfección y terminaron por doblegar a los incautos e inocentes sufragantes.

Sin embargo el panorama es alentador. En un mundo globalizado y de permanentes amenazas contra la democracia, Colombia llevó a cabo uno de los procesos electorales más ricos en toda su vida como nación: la abstención que superaba el sesenta por ciento, la violencia que incluso cobró la vida de tres candidatos a la presidencia, los métodos fraudulentos en el manejo del sufragio y el discurso trasnochado de la vieja izquierda, quedaron atrás y se sumarán a los momentos más oscuros en la historia de nuestro país. Por otro lado, esta contienda quedó marcada por el papel protagónico de los nuevos mecanismos de comunicación digital, por la pérdida de poder de las maquinarias que han dominado la realidad política y por la presencia de una nueva fuerza alternativa que, sin los recursos  tradicionalmente en manos de las grandes colectividades partidistas, movilizó a electores más libres, espontáneos y comprometidos con la nación.

Ahora hay una nueva realidad y nunca antes se había registrado una confrontación tan profunda entre dos modelos ideológicos y políticos; en esta dirección, ocho millones de colombianos dijeron “no” a los métodos tradicionales e inequitativos de gobernar, pasaron una dura cuenta de cobro a la oligarquía y con su voto reclaman cambios profundos en las políticas sociales y económicas de Estado.

El nuevo mandatario debe entender que no llegó a este cargo por los métodos convencionales; ahora cuenta con un fuerte control político no solo de los ciudadanos que optaron por el voto libre y de opinión, sino también de los representantes de la izquierda y del centro en el poder legislativo. Esta herramienta de la democracia se oficializó con el Estatuto de la Oposición, sancionado por el presidente Juan Manuel Santos el 9 de julio y que autoriza a los opositores a hacer presencia en el Congreso a través de una coalición, les da derechos para acceder a los medios de comunicación en igualdad de condiciones y asigna financiación propia a esta forma de gobierno.

Obediente a la Constitución Política, el presidente electo Iván Duque está llamado a gobernar con independencia, considerar la oposición como alternativa de gobierno al establecer canales de comunicación cordiales y productivos con sus representantes, y acudir a su mentor para ser consultado y no para ser obedecido. Así habrá entendido el mensaje y el llamado del pueblo colombiano

ORLANDO SALGADO RAMÍREZ

DOCENTE

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¿COLOMBIA LA MÁS EDUCADA?

La orden dada por el Gobierno Nacional a las instituciones públicas y privadas de todo el país de hacer efectiva la tercera versión del Día de la Excelencia Educativa —denominada “Día E”— coincide con la convocatoria de la Federación Colombiana de Educadores, FECODE, a un paro nacional que dejó por fuera de las aulas a ocho millones de niños y adolescentes y llevó a las calles a más de trescientos mil docentes estatales a protestar en contra de las políticas sociales y económicas que golpean a los maestros de todo el país.

El “Día E” es una jornada pedagógica, con receso estudiantil, en la que los docentes, administrativos, representantes de padres de familia y estudiantes, liderados por el rector, analizan los resultados académicos del año anterior y definen planes de mejoramiento con el propósito de fortalecer la calidad de la educación en cada uno de los establecimientos. Para realizar esta jornada, cada institución recibe la nota a través del Índice Sintético de la Calidad Educativa (ISCE), un instrumento mal concebido porque insiste en darle protagonismo a las Pruebas Saber con una participación del 80% en una escala de uno a diez. Por su historia, este tipo de pruebas son injustas, generan una competencia desleal entre los establecimientos, son excluyentes, benefician a un pequeño número de egresados y limitan la capacidad del pensamiento, de suerte que en este nuevo formato el criterio de evaluación de la calidad de la educación solamente cambia de nombre.

La discusión sobre un justo incremento salarial para la clase trabajadora del país, entorpecida por sindicatos patronales minoritarios, arrancó del Gobierno la expresión “NO HAY RECURSOS”, que fue el detonante para que el magisterio en pleno decidiera suspender las labores académicas; además, confirma la actitud de un estado corrupto que debilita la economía del país, la cual es incalculable en riqueza natural: su posición estratégica en el globo terrestre lo privilegia con dos océanos; su variada topografía, con grandes extensiones de tierra sin explotar, le regala todos los climas y, con ellos, un extenso espectro en productos agrícolas; del subsuelo brota, mágicamente, oro, esmeraldas, petróleo, carbón y gas.

Los juicios equivocados de muchos ciudadanos evidencian no solo que su interpretación de la realidad es acomodada, sino también un profundo desconocimiento de la problemática que se vive en las entrañas de la educación pública. Al parecer, solo están interesados en que la escuela sea un lugar donde guardar a sus hijos y liberarse así de las responsabilidades que como progenitores les corresponde. Por el contrario, el magisterio colombiano tiene argumentos válidos que lo faculta para reclamar sus derechos haciendo uso de la movilización. Tales argumentos se centran, por un lado, en la exigencia para negociar el pliego de peticiones, y por el otro, en el incumpliendo de los acuerdos firmados. Y son los siguientes:

Jornada única. Para su implementación, el Gobierno debe garantizar ambientes óptimos de aprendizaje, liderados  por docentes titulares competentes y justamente remunerados, donde la relación entre los alumnos y los maestros sea humanizante. Por lo tanto, hay que evitar el hacinamiento en las aulas de clase, tener una infraestructura adecuada y una alimentación balanceada para los restaurantes escolares, que desgraciadamente han sido salpicados por los carteles de la contratación.

Dignificación de la profesión docente. Las condiciones de los maestros deben ser favorables para la formación y la profesionalización, de suerte que deben contar con becas, créditos blandos y reconocimiento de tiempo. Además, sus procesos de evaluación diagnóstica formativa han de ser transparentes y accesibles para el ascenso en el escalafón, de modo que hay que estimularlos y mejorarles sus condiciones de vida. Esto implica, necesariamente, unos servicios de salud de calidad, oportunos y eficaces.

Rediseño de “Ser Pilo Paga”. Para ser justos, este programa, aunque ha beneficiado a algunas familias, está desmantelando la universidad pública, puesto que los recursos destinados a docencia, investigación e infraestructura se están desviando a las universidades privadas.

Este paro estatal del magisterio que, en síntesis, reclama reglas de juego equitativas, sin favoritismos ni discriminación, hizo metástasis y ha convocado a otros actores sindicales, así como a varias ciudades que exigen la presencia del Estado. El presidente Juan Manuel Santos se encuentra en el ojo del huracán, su eslogan de gobierno “Paz, Equidad y Educación” es la antítesis de la realidad que vive el pueblo colombiano y su premio Nobel de Paz es una deshonra a las sanas intenciones de Alfred Nobel, su creador.

ORLANDO SALGADO RAMÍREZ

DOCENTE